AMOR , SEXO Y LAS CANCHAS INVISIBLES: Aprender a jugar sin envenenarnos

Reglas visibles y canchas invisibles
Vivimos con reglas distintas. En canchas distintas.
El feminismo nos enseñó a ver las reglas visibles: el dinero, el trabajo, el tiempo propio, la autonomía. Podemos estudiar, trabajar, decidir sobre nuestro cuerpo y nuestra vida.
Pero hay otra cancha. Una que nadie nos enseñó a jugar. Las emociones. El deseo. La intimidad.
Ahí no hay reglas claras. Ahí todo se mezcla. Y lo que en el momento se siente intenso, placentero, incluso magnético… puede dejar después un silencio raro en el cuerpo.
Como si algo se hubiera ido sin explicación. Ese es el veneno emocional.
El juego de los venenos
Hay relaciones que no se sienten como amor. Se sienten como intercambio invisible. Uno se expande. El otro se pierde un poco.
Uno queda lleno.
El otro, drenado sin saber en qué momento pasó.
Y lo más extraño es esto: a veces estás dentro de eso… sin darte cuenta. Porque en el cuerpo, en el instante, todo puede sentirse bien. Pero después…cuando vuelves a ti…algo no está igual.
Amor y sexo: espejos y energía
Amor y sexo no son lo mismo. Aunque todo alrededor insista en juntarlos. En películas. En discursos. En expectativas. Pero mezclarlos sin conciencia… es entrar en una zona donde todo se confunde.
El sexo puede ser deseo, fuego, impulso, piel, energía que circula.
El amor es otra cosa. Es cuidado, es presencia, es reconocimiento del otro más allá del cuerpo.
Cuando se mezclan sin conciencia… el cuerpo se enciende, pero algo dentro queda vacío.
Separar para gozar y protegernos
Para jugar sin envenenarnos hay algo que parece simple, pero no lo es: CLARIDAD
Hablar. Nombrar lo que sentimos. Ver si hay reciprocidad real o solo intensidad momentánea. Hay momentos donde el silencio del otro ya es una respuesta.
Donde no hay conversación, ni cuidado, ni sensibilidad. Y ahí el cuerpo lo sabe antes que la mente. Y no siempre lo que ocurre ahí es amor. A veces es solo deseo. Impulso, necesidad sin forma
Y cuando no hay conciencia de eso… uno puede perderse un poco en el otro sin quererlo.
La cancha donde ganamos de verdad
El equilibrio no está en apagar el deseo. Está en aprender a habitarlo sin desaparecer en él. Sentirlo sin confundirse. Vivirlo sin traicionarse.
Hay una forma de estar con otro sin perderse. Sin entregarse de más. Sin quedarse menos.
Y cuando eso ocurre…no hay veneno. Hay presencia.
No todos los vínculos son para quedarse. No todos los encuentros son para repetirse. Pero todos dejan algo si sabemos mirarlos.
Y quizás la libertad real no está en no jugar. Sino en aprender a sentir cuándo estás jugando tu propio juego…y cuándo ya no.
Escrito con el cuerpo más atento
Catalina — Artista intuitiva / Alquimista del alma / Creadora de RAGÂTMA
A veces no se trata de entender lo vivido…sino de reconocer lo que el cuerpo ya sabía.
Y en ese mismo lugar donde algo se mueve sin explicación… también existen objetos creados para acompañar esos momentos.
Si quieres, puedes entrar a RAGÂTMA y ver qué te llama ahora.