
Hubo una Navidad en la que creí que el mundo estaba a mi favor. Tenía trabajo, estabilidad y una sensación de control sobre la vida. Fue entonces cuando tomé una decisión consciente: pasar la Navidad sola.
Había escuchado muchas veces en ambientes laborales lo “fome” o triste que era trabajar en vísperas de Nochebuena, pero a mí no me parecía tan terrible. Al contrario; me ahorraba el caos de los viajes, los tacos interminables y los terminales de buses repletos de gente desesperada por llegar a sus familias.
Ese año decidí no viajar a la casa de mis padres. No quería repetir el ritual de siempre.
Quería una Navidad tranquila, en calma. Mi plan era simple: ponerme un pijama limpio, preparar una cena sencilla para una persona y mirar televisión desde la cama. Perfecto, pensaba.
Cuando lo contaba, muchos no entendían mi elección. Para mí, pasar la Navidad sola era un acto consciente, una pausa para vivirla a mi manera y en calma, pero me equivoqué. Fue mi última Navidad con la posibilidad de compartir con mi padre, y no lo supe.
Al año siguiente, él murió. Y con su partida, la Navidad cambió para siempre. La tradición familiar se rompió, como si con su ausencia se hubiera apagado también la magia.
Recuerdos de una Navidad con alma
Extraño el ritual: comprar regalos con tiempo, envolverlos con cuidado y estética, pensar en cada detalle. No regalar por compromiso, sino por amor sincero.
Extraño las cenas organizadas en familia: mi padre encargado del menú, mi madre y yo decorando la mesa con velas, frutas y flores. Ella, tan capricorniana, convertía la cena en una ceremonia; él hacía de cada plato un pequeño festejo de vida. Recuerdo los aromas: el pan de pascua saliendo del horno, el pesebre en el centro de la casa ,hogar muy católico por cierto, las luces de colores parpadeando con melodías horribles pero entrañables.
Era una Navidad con olor, con color y con alma. Y aunque esa tradición ya no existe, vive dentro de mí. Esa casa llena de risas, café y postres después de los regalos se transformó en una memoria viva.
Cuando decidí no celebrar
La primera Navidad sin él la pasamos los tres: mi madre, mi hermano y yo. Compré algunos adornos para darle ambiente a la que era mi casa, aunque nunca antes había tenido decoraciones propias. ¿Por qué me parecían inútiles hasta entonces? Porque mi Navidad siempre había sido en la casa de mis padres: ahí estaban los adornos, la comida, la cena, la familia.
En cambio, yo vivía en otra ciudad, en un departamento pequeño y silencioso. No tenía sentido decorar un espacio donde nadie más vendría, pero con el tiempo entendí que no era para los demás, sino para mí. Era mi forma de sostenerme sola, de construir un nuevo hogar desde lo que quedaba: la memoria y el amor
Desde ahí, las Navidades se volvieron impredecibles. Algunas las compartí con gente por compromiso; otras las pasé sola, sin adornos, sin mesa puesta, sin ritual.
Y aprendí que no celebrar también es una forma de vivir la Navidad, cuando la honestidad pesa más que las apariencias.
La Navidad de hoy
Hoy mi Navidad es más tranquila, más introspectiva y sincera Ya no la decoro con luces ni coronas, sino con recuerdos. La Navidad, para mí, está ligada a mi padre.
A su amor por esa época, a su deseo de crear familia o su forma sencilla de vivir la ilusión.
Aunque él no esté, la Navidad sigue siendo ese espacio donde puedo volver a su voz, a su risa, al calor del horno y a los gladíolos rojos que decoraban nuestra mesa.
Yo no necesito nieve falsa ni grandes banquetes. Solo necesito ese instante de memoria que me conecta con el hogar que fuimos, con la niña que aún vive en mí y que cada diciembre vuelve a mirar las luces de otras ventanas, sabiendo que lo que realmente importa no está afuera, sino dentro del corazón.
Con amor y memoria,
Catalina — Artista intuitiva / Alquimista del alma / Creadora de RAGÂTMA.

✨ “Mi Navidad hoy es memoria y corazón. Si también sientes que lo más importante está dentro, déjame un comentario en Instagram @ragatma.cl. Comparte tu instante de recuerdo, tu pausa consciente, y celebremos juntos la Navidad que nace desde adentro.” ✨