Bienvenid@s a nuestra tienda
Leer más
Publicado el 5/8/2026

Las brujas también nacen en colegios de monjas

#BLOG "Altar de Palabras"

Nadie piensa que una bruja nace entre las paredes frías de un colegio de monjas.

Y, sin embargo, muchas nacen ahí. No con escobas ni hechizos. Sino con una rebeldía que arde por dentro cuando todo alrededor exige silencio.

Porque a veces las personas que parecen más difíciles de encajar son precisamente aquellas que todavía conservan una parte de sí mismas que no ha aprendido a obedecer.

Las monjas querían formar santas.

Mujeres limpias.

Obedientes.

Calladas.

Nos enseñaban a caminar derecho, a bajar la falda, a no mirar demasiado de frente.

Nos persinaban la boca antes de hablar y nos decían que Dios era un padre que todo lo veía.

Que todo lo sabía.

Que todo lo juzgaba.

Pero nunca vieron lo que realmente estaban creando: Niñas con fuego en los ojos.

Niñas que empezaban a sospechar que la verdad no venía del cielo, sino del vientre.

De la intuición.

De esa voz profunda que aparece antes de que aprendamos a callarla.

Niñas que corrían cerro abajo gritando, no porque quisieran desafiar al mundo, sino porque simplemente estaban vivas. Yo fui una de esas.

Pasé por un colegio de monjas en el plan. Un colegio de curas en el cerro. Monjas otra vez en el cerro. Hasta que finalmente llegué a tierra firme, a un colegio laico donde, siendo niña, como un acto de rebeldía: me tatué.

Pero para entonces ya estaba marcada desde antes. No en la piel. En el alma. Porque hay marcas que no se ven.

Son esas veces que alguien te llama difícil, intensa, rebelde o problemática y durante años crees que hay algo malo en ti.

Sin darte cuenta de que quizás solo estabas intentando escuchar una voz que todavía no tenía permiso para existir.

Ahí, en esos colegios donde querían que todas fuéramos iguales, aprendí a ser distinta.

Vi niñas bravas. Salvajes. Libres como el viento del cerro.

Vi compañeras que amaban a otras mujeres. No siempre podían decirlo en voz alta, pero había verdades que los ojos ya no sabían esconder

Vi cuerpos despertando mientras algunos les enseñaban a sentir culpa.

Y pensé: "Si esto es pecado, entonces quizás tendré que aprender a reconciliarme con mi propia herejíaY qué liberador fue comprenderlo. Porque entendí que quizás el problema nunca había sido mi naturaleza.

Quizás aquello que intentaban corregir era justamente aquello que venía a salvarme.

Esa fuerza que me nacía. Esas ganas de hablar con el sol. Con las piedras. Con las velas encendidas. Esa sensación de que había algo invisible acompañándome. No era locura.

Era memoria. Era linaje. Era una parte de mí que siempre había estado esperando ser escuchada.

Era brujería. Porque las brujas no siempre salen del bosque.

A veces salen del colegio católico. De la misa de las ocho.

Del "Amén" que nunca resonó. Del rosario apretado en la mano de una niña que, en vez de solamente rezar, también deseaba.

Y quizás todos conocemos a una de esas niñas.

La que sentía demasiado.

La que preguntaba demasiado.

La que no podía fingir que algo era verdad cuando su interior decía lo contrario.

O quizás esa niña todavía vive dentro de ti.

A esa niña muchas veces le ponen nombres antes de darle comprensión.

Pero quizás no era una niña problema. Quizás era una niña despertando.

Porque todas las personas tienen un momento en que deben elegir entre seguir viviendo desde la mirada de otros o volver a escuchar su propia voz.

Ese momento no es una puerta. Es un portal.

Y atravesarlo no siempre es fácil.

A veces duele. A veces deja cicatrices.

A veces obliga a mirar la propia sombra.

Pero es ahí donde se forjan las brujas.

En la soledad de descubrir quién eres cuando ya no queda nadie diciéndote quién deberías ser.

Y después de caminar ese camino, algo cambia.

Porque una bruja todavía lucha. Todavía intenta demostrar. Todavía responde al mundo que la juzgó.

Pero un día llega la sacerdotisa. La que ya no baja al caos para perderse en él. La que lo observa desde lo alto. La que entiende sus sombras sin pertenecerles.

La que ya no necesita ser entendida ni explicada.

Porque finalmente comprende que su poder nunca estuvo afuera. Siempre estuvo dentro.

Desde el altar que un día descubrí dentro de mí.

Catalina — Artista intuitiva / Alquimista del alma / Creadora de RAGÂTMA


Porque incluso las brujas saben que el verdadero poder nunca ha vivido en una vela, un cristal o un amuleto.

Siempre ha vivido dentro de ellas. Los símbolos no crean la magia. La despiertan. Nos ayudan a recordar quiénes somos cuando el ruido del mundo intenta hacernos olvidar nuestra propia voz.

Esa es la intención con la que nace cada creación de RAGÂTMA. No crear objetos con poder.

Sino crear símbolos que te recuerden el poder que ya habita en ti.

Si estás construyendo tu propio altar, creando nuevos rituales o simplemente deseas rodearte de objetos con intención y significado, te invito a descubrir el universo de RAGÂTMA.

Explora la colección Intuición de RAGÂTMA y elige el símbolo que acompañe tu propio despertar.

Envíanos un mensaje de WhatsApp